Hijos Extraordinarios

Y DE REPENTE….CLAUDIA SE SUBIO AL TRANVIA


Hoy he tenido una experiencia intensa, enriquecedora y tengo que decir que con permanentes sentimientos encontrados.

Veníamos, Claudia y yo, hacia casa, de vuelta de la visita y entrevistas en el nuevo Colegio para el año que viene.  Veníamos eufóricas, por lo bien que ha salido todo, por lo que significa esta nueva etapa en todos los sentidos, y por lo orgullosas que nos sentíamos las dos: Yo por Claudia, y Claudia porque se ve mayor.

El Colegio está muy cerca de casa, tan sólo a seis paradas de tranvía. Y Claudia lo conoce muy bien. Tanto el recorrido, como las paradas, el número de Tren… Ella misma ha reconocido que la parada era la misma que la del médico, sin que yo tuviera que decírselo, y aunque reconozco que no me sorprendió, sí me arrancó una mueca de aprobación positiva, al ver que ya es un hecho que Claudia es mayor.

Sin embargo, y una vez más, yo no estaba preparada para asumir con tanta intensidad lo que sucedería a la llegada del Tranvía.

Mientras nos subíamos, yo me paré a ayudar a una madre con carrito doble, y cuando me di la vuelta, Claudia había entrado en algún vagón sin darse cuenta que yo no lo había hecho. Y en ese mismo momento, SE CERRARON LAS PUERTAS: CLAUDIA ESTABA DENTRO Y YO FUERA.

Ni siquiera pude ver si Claudia se había dado cuenta que yo no había entrado con ella en el Tren, y en ese momento se me pasaron MUCHAS cosas por la mente. Sólo tenía claro una cosa: ESE era el momento de actuar con calma, sin dejar que los nervios impidieran una decisión acertada.

El siguiente tranvía llegaría en 10 minutos: mucho tiempo para mi intranquilidad. Si iba corriendo, no iba a alcanzar el tranvía porque sólo con los semáforos, me sacaría mucha ventaja, aparte de la distancia que era mucha.  Un taxi no podía coger, porque no paran por la calle. Y Claudia todavía no lleva móvil.

Pensé entonces, que si Claudia se había dado cuenta, a lo mejor se le ocurría bajar en la siguiente parada, así que corrí los 600 metros obstáculos (semáforos, carril bici, carritos de mamás y hasta sillas de ruedas eléctricas..) más rápidos que Usain Bolt. Pensando ahora mientras escribo, si lo hubiera cronometrado, podría haber entrado en la selección femenina de velocidad para los juegos olímpicos. Qué manera de correr…menos mal que hoy no llevaba tacones!!- pensaba mientras veía el Tranvía cada vez mas lejos.

Claudia no estaba. Así que yo seguía con la duda, de si se habría dado cuenta o no. Mi inquietud me impidió seguir esperando en la parada, por lo que seguí corriendo, pensando de forma absurda que podría llegar antes que el siguiente tranvía hasta casa. Así que corrí de nuevo a la siguiente parada y justo cuando llegaba ya exhausta, llegaba el tranvía, que en cuatro paradas, me dejaría en el destino final.

En la parada de casa, al ver que no estaba, mis pensamientos seguían discutiendo, y mientras una parte de mi confiaba en que Claudia me esperaba en casa, mi otra yo estaba tensa, nerviosa y con ganas de teletransportarse.

Corrí de nuevo a casa, poniendo otra vez a prueba mi forma física, y tras subir las escaleras de cuatro en cuatro, llame al timbre….y SI!! Claudia, -con una sonrisa en la boca-, me abrió muy orgullosa la puerta: “Mama, pero que te ha pasado? Te ha dejado el tren, eh?”

Yo, sólo la abracé durante unos 20 segundos con un “gazpacho” de sentimientos en mi cabeza… transmitiéndole en ese momento todo mi cariño, mi admiración, mi aprobación, mi confianza y la inmensa alegría mezclada con orgullo y todavía mucha tensión al verla tan tranquila.

Como decía al principio del post ha sido una experiencia enriquecedora: durante esos 30-40 minutos mis pensamientos en la cabeza se enfrentaban todo el tiempo. Estaba mi “yo superprotector y preocupado” y mi “yo confiante y seguro de Claudia”. Yo no paraba de alimentar al segundo forzándome a confiar en que llevábamos mucho tiempo practicando esta situación, ensayando diferentes escenarios que pudieran ocurrirle a Claudia. Y puesto que en esos momentos, no podía hacer nada más que esperar, decidí eso: CONFIAR, aunque reconozco que no fue fácil.

Creo que si no hubiera ocurrido de esta forma, a lo mejor, no habría sabido cuándo era el momento de que ella hiciera sola un recorrido así.

En todo caso, la conclusión es que la práctica constante, el ejercicio permanente y el tiempo con perserverancia, son factores que nos han ayudado mucho a superar con éxito esta situación.

Mi “yo superprotector” no para de susurrar que menos mal que era la línea que pasa por casa, mientras que mi “yo confiante” no para de afirmar muy positiva, que ha sido la mejor manera de avanzar hacia el próximo escalón: FASE TRASBORDOS Y ENLACES en el transporte público.

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  • Sabeliti

    Maravilloso Katerina. De los mejores artículos que te he leído, pues me ha tenido a mí en tensión desde el principio, con ganas de llegar al “desenlace” saltándome el relato . Pero lo has contado con tal fuerza, naturalidad, pasión y vehemencia, que me has hecho correr casi a tu misma velocidad ( eso sí yo con tacones y sentada) todas las líneas sin saltarme ni una.
    No sé a quién felicitar más si a Claudia o a su madre Katerina, y hoy, queriendo ser objetiva, me quedo con Katerina. Enhorabuena


  • Rocio

    Puffff… Mientras leía lo mío era el “súper protector” subiéndome por la garganta… Pero solo tu tienes esa fuerza de mantener la calma y razonar: ole! Y ole claudia, q demuestra a pasos agigantados q se esta haciendo mayor! Un besazo


  • M

    Qué emocionante Katerina!. Enhorabuena por tu blog. Un abrazo!


  • Dra. Lucrecia Suarez Cortina

    Hola Katerina, he tardado en leer tus reflexiones y, como siempre, me han conmovido Es extraordinaria la relación que tienes con Claudia. Mi admiración, respeto y cariño por ti son inmensos, me ayudas! Dra. Lucrecia Suárez Gastroenterología Pediátrica Unidad de Fibrosis Quística Hospital Universitario Ramón y Cajal. Madrid Universidad Alcalá de Henares. Madrid 913369048 lucrecia.suarez@salud.madrid.org

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  • sweet ale

    Dios mío Katerina, qué angustia!! me estaban sudando las manos mientras lo leía, imaginándome en tu situación… Me quedo con la palabra CONFIAR, y es que se lo merecen, que confiemos en ellos, hacemos todo lo posible para educarlos bien, pues ahora hay que empezar a dejarlos volar un poquito, enhorabuena una vez más!! un beso fuerte