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ESO NO SE PREGUNTA


ESO NO SE PREGUNTA…ya sólo el título despertó nuestra curiosidad cuando nos bombardearon con avisos de que se emitiría un programa de personas con Síndrome de Down.

Es difícil expresar lo que un padre siente, cuando es tu hijo el que tiene Síndrome de Down. Y a pesar de los tópicos, creo que siempre se puede aprender de la experiencia, así que con expectación y por la hora de emisión, vimos el programa, la primera vez, solos.

Pudimos comentar entre nosotros, lo que percibíamos desde la óptica de padres. El hecho de que se entrevistara a personas de diferentes edades y con distintas vivencias, le daba una diversidad real dentro del Síndrome de Down.

A lo largo del programa, intenté ponerme diferentes sombreros: el de madre lo llevo siempre conmigo. Pero en esta ocasión traté de ponerme en la piel de una persona que no vive cerca de un fenómeno como estos. O incluso de los que viviendo relativamente cerca porque conozcan a alguien, no lo viven en el día a día. Creo que fue una lección magistral de todos y cada uno de los protagonistas, una lección digo, DE VIDA.

Las personas con Síndrome de Down, con sus limitaciones, tienen muchas más capacidades y más en común con el resto, de las que muchas veces queremos entender.

Yo lo veo en el día a día, con Claudia. El camino no es fácil, pero no porque Claudia tenga Síndrome de Down, sino porque la educación hoy, es un reto para todos los que somos padres.

Nos apetecía también ver cómo reaccionaría el resto de la tribu. Así que les pusimos el programa al día siguiente.

Las reacciones fueron diferentes, por cuanto tienen edades distintas y por tanto madurez. Y no es lo mismo ser “hermano de”, que ver en la televisión a una persona que de alguna forma es un viaje a un futuro no muy lejano.

A todos les gustó mucho. Resultó muy ameno y además veían a “otros como Claudia” que eran igual de felices, espontáneos, luchadores, divertidos, con más o menos dificultad en la pronunciación, pero en todo caso con el común denominador de querer ser tratados de forma inclusiva, que no es otra cosa que querer tener la sensación de pertenencia a un grupo, con un trato igual que los demás, pero con la individualidad que cada persona requiere. Es decir, ser uno más.

Lo vimos todos juntos.

Claudia (13) estudiaba cada respuesta, cada movimiento y cada expresión, mandando callar como si le fuera la vida en ello. Asentía y reía, pero no opinaba nada. Sólo atendía. Nos pidió verlo otra vez, y al día siguiente otra…

Los mayores (11 y 9) escuchaban con atención el programa, pero a la vez observaban las reacciones de Claudia, queriendo entender qué le estaba pasando por la cabeza… De alguna forma veían en los mayores del programa un reflejo de cómo podría ser Claudia, incluso en algunas contestaciones eran capaces de identificarla.

El cuarto (7) lo veía como una entrevista divertida. El no veía nada fuera de lo común, mas allá de las evidentes diferencias físicas o la dificultad a veces en la dicción, que incluso comento con gracia y con MUCHO respeto, y cuando pasaron diez minutos, se fue a la cama con un “me voy a dormir, que si no luego sueño”. Su convivencia con Claudia le ha preparado (de forma inconsciente) para ver el programa con una naturalidad soberbia, que traslada al mundo.

La pequeña (<3) no cuenta. Es muy baby para esto. No le atrae la televisión.

Los comentarios posteriores sobre el programa fueron sobre lo divertido y ameno que fue, los puntazos de las contestaciones de algunos de ellos, la espontaneidad de las carcajadas de otros o las caras al escuchar las preguntas…incluso les chocó que algún protagonista hablara de que sí había tenido un trato diferente… pero en ningún momento hubo comentarios que pudieran hacer referencia a las diferencias que nos separan.

Es cierto que convivir con Claudia nos da una categoría de “profis” por la experiencia y la práctica de los años, porque su trato es permanente. Pero para ellos, es lo normal porque obviamente es parte de su vida. Y eso permite que miren a las personas con Síndrome de Down, como lo que son: personas iguales que nosotros, pero con otras características físicas e intelectuales. Pero no les juzgan por eso, no tienen una idea errónea de lo que es o no es y les otorga a la vez un grado adicional de lo que significa incluir, aceptar y respetar.

De ahí mi intención de ver el programa por primera vez como espectadora ajena al tema. Creo que este programa puede hacer mucho bien, para que se entienda la realidad de estos fenómenos, que luchan como cualquier persona por hacerse su hueco en la sociedad.

La dificultad añadida que tienen, por lo que voy observando, es que su paso y paseo por la vida, su forma de disfrutar y vivir, no siempre es compartida por el de enfrente, que va a otra velocidad, que tiene otros intereses en la vida y que muchas veces no tiene tiempo o conocimiento para incluirles.

Este programa era el primero de una serie, que por lo que he podido ver, protagonizan diferentes grupos de gente, unidos por la diferencia que les diferencia, que les hace ser minoría y en ocasiones estigmatizada.

Encuentro muy positivo este programa, que espero sea bien acogido por la sociedad. Pienso que es una gran oportunidad para entender que detrás de cada uno de estos protagonistas, hay una persona, una vida, una historia de la que todos, si queremos, podemos aprender como espectadores, para saber comprender mejor a una persona ciega, transexual, con estatura baja, con algún síndrome, de color o con cualquier tipo de discapacidad, para luego pasar a co-protagonizar la vida.

El hecho de abrirnos más, de aprender a aceptar esas minorías, nos hará mejores como sociedad, porque al final del día, nos hará mejores personas. ¿No eso lo que queremos?

Felicidades por el programa, al que deseo muchos éxitos.

Y, por supuesto, a todos sus protagonistas, darles las gracias por el coraje de salir a responder “lo que no se pregunta”.

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