Hijos Extraordinarios

MI HIJO, MI MEJOR MAESTRO


Hacía tiempo que no veía a mi amiga, mi querida amiga Marian. Me gusta mucho hablar con ella, porque siempre aprendo algo nuevo. Tenemos mucho en común: las dos somos madres, mujeres de nuestros maridos, las dos somos profesionales apasionadas de nuestra labor, y nuestro mejor curriculum es la familia que hemos creado.

Las dos somos infatigables colegas de los retos permanentes que nos ponen nuestros hijos, en sus desafíos constantes, ante las tareas más ordinarias que puede ocupar un día normal.

Para mí Claudia, para ella Aleska. Dos seres tan amados y tan queridos…nuestros hijos, que tanto amor exigen, por tanto amor entregado…tanto amor recibido….entonces, ¿qué otra cosas se puede hacer sino dar testimonio?

Nos agarramos a lo que nos une, que es la pasión que ponemos en hacer que nuestros hijos alcancen su felicidad, para que nosotras, desprendidas en ellos, podamos encontrar así, nuestro mayor regalo.

En esta ocasión, hemos tardado mucho en vernos. La distancia es un hecho real que nos aparta físicamente más de lo deseado. Aunque nos llevamos en el corazón, el vernos, el pasar rato juntas, charlando de lo Divino y de lo humano, de lo bonito, de lo duro, de la vida, de lo que tenemos, de lo logrado, de lo anhelado…es tan intenso, como interesante.

Querida Marian, sé que en los últimos meses has sufrido mucho, pero te veo,-como decías-, con mucha paz, y es lo que siempre me ha gustado de ti. Tu capacidad de afrontar la vida, con un realismo maduro, que representa la serenidad y claridad de ideas.

Esta vez, nuestro combate de oratoria se centró en la paciencia y los retos que afrontamos a diario, casi al minuto con nuestros hijos, -en lo que , quizá, para otros es una rutina, o el día a día vivido con una menor intensidad, o con menos desgaste…

Y es que los libros sabios alaban la paciencia, y yo doy fe de que un padre de familia digno de ese nombre debe hacer de ella su principal,- por no decir esencial-, virtud. Ya se encarga además la vida de demostrarnos, cada día un poco más, cuán cierta es esta verdad!!

A pesar de todo, las dos sabemos, que esta forma de vida al lado de nuestros hijos, no la podríamos ni la querríamos cambiar. Estos hijos, que yo digo extraordinarios, que te requieren, que te exprimen la paciencia, que te contagian de amor, que te exigen máxima entrega, son los que te hacen aprender y estirarte cada día un poco más.

Mi hijo, es mi mejor maestro – me dijiste…y esta frase, que la podríamos tener todas las madres tatuada, es tu frase, es el resumen de lo que Aleska es para ti.

Me decías con sabiduría y experiencia, que gracias a él, te reinventaste. Gracias a él, aprendiste a comportarte en la vida con actitud de gratitud; aprendiste a apreciar lo esencial, dando la importancia justa a las cosas. Te diste cuenta que en los detalles pequeños, es en donde se fraguan las cosas grandes, y eso, con el paso de los años, te ha hecho crecer por dentro…

Hoy damos gracias a la vida, porque es precisamente el crecimiento interior, lo que nos está llevando a querer querer la vida con fuerza, a querer querer a los nuestros, a querer querer con más verdad…en definitiva, a un constante querer querer.

Un día más, me fui muy contenta a la cama por haber compartido contigo una gran cena…por haber compartido contigo, experiencias y vivencias comunes, que a veces sólo nuestras confidencias y una buena copa de vino español, nos ayudan a poner en valor.

Nuestros hijos, nuestras vidas. Esta es la esencia de todo.

 

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