Hijos Extraordinarios

EMPIEZAN LAS MERECIDAS VACACIONES


Hoy por fin nos vamos de vacaciones.

Como todos los años por estas fechas, cerramos una etapa, -otro año escolar -, que en esta casa es la forma más práctica y real de hacernos ver lo rápido que pasa la vida.

Si tuviera que describirlo con una palabra, diría que ha sido un año muy “challenging”. Ante este folio en blanco, haciendo la primera reflexión del año, me doy cuenta mirando atrás, que nuevamente nos hemos enfrentado a unos retos, -unos más esperados que otros-, que al final del día, nos ayudan a todos a hacernos un poco más sensibles, reflexivos y conscientes de nuestra gran pequeñez.

El protagonismo ha quedado equitativamente repartido esta vez, y ya no es Claudia la que más demanda nuestra atención, apoyo y dedicación. Claudia se hace mayor y más responsable, lo que ayuda mucho en este Tetris. Este año, y desde el principio de curso, todos hemos tenido que ceder un poco más, para adaptarnos a uno más en la familia.

Ha sido un cambio indudable para Claudia: el contar con una hermana, entre tanto chico, le ha hecho madurar como hermana mayor, y desde que nació Olimpia, ha querido colaborar y ayudar siempre que era posible. Para el resto, el tener un bebe en casa, ha sido un gran motivo de orgullo del que han podido presumir ante los amigos. Y en todo caso, para todos, ha supuesto una adaptación total que en ocasiones, sin darnos cuenta nos ha hecho modificar planes o hacer cosas distintas, por el hecho de contar un bebé y todos los gadgets que lo rodean, que ha supuesto más de una vez, hacer frente a unos colaterales nuevos, diferentes y a veces sorprendentes.

Por otro lado, Claudia este año ha terminado su cuarto curso escolar en un colegio de Montessori, y el año que viene, empieza un nuevo ciclo, secundaria. Aunque a mí no me ha sorprendido, sí reconozco que se me saltaban las lágrimas leyendo su informe escolar, dejando atrás los duros comienzos de la integración, que supusieron un esfuerzo capital y que triunfalmente ha superado “con un trabajo duro y constante, obteniendo unos resultados sobresalientes, no sólo en la parte académica, sino docente en general” escribía su profesora, que terminaba con una frase de aprobación para su paso al siguiente curso, “Claudia ha sabido entender y obedecer las reglas, mostrando una madurez y capacidad que le permitirán seguir con normalidad las clases del quinto grado.”

Esto es una de las cosas que me gusta de este colegio. No le ponen notas numéricas, que la clasificarían por debajo de la media de sus compañeros. Por el contrario, la valoran y evalúan a ella en relación a sus propias capacidades. Y por lo que he leído orgullosa en el informe, no sólo han conocido muy bien a Claudia con todo su potencial, sino que además le han acompañado en este viaje, explotando junto a ella, sus mejores capacidades y cualidades, pero sin dejar de lado las obligaciones, reglas y normas, normas, normas y más normas, que en algunas ocasiones nos hacían desesperar.

Una vez más, es una reflexión por tanto, de satisfacción por un trabajo bien hecho. No puedo decir que sabía que íbamos a llegar a este punto. Pero ya son muchas las veces que me siento incapaz de poner objetivos, más allá de una semana o máximo un mes, aunque se tenga claro cuál es el destino o meta final.

La vida me va enseñando que si las cosas se hacen BIEN en el momento real, actual y presente, y uno pone todo su “yo” en esa acción, los resultados llegan. No me imagine que Claudia supondría un ejemplo de superación para su profesora – como me dijo el ultimo día –  con un idioma que no domina del todo, en un colegio donde todo era nuevo y con el curso empezado: amigos, profesores reglas, horarios, normas, la forma de trabajo, el ambiente…pero teníamos claro que lo mejor para Claudia era –aquí por lo menos en Alemania- el camino de la inclusión.

Por eso, cuando los primeros meses, veíamos tan dura la experiencia, también entendimos que ESO, y ASI, es la vida en general. Con retos, con obstáculos, con contradicciones, pero también con sorpresas, alegrías y maravillosas recompensas.

Todo el esfuerzo invertido en superarse a uno mismo, tiene recompensas de incalculable valor. La suerte de Claudia es que ella no compite con nadie, no lo necesita. Le basta con superarse a sí misma dando su máximo en todo, y eso le colma. Lección que extraigo de forma permanente sólo con verla actuar y desenvolverse por la vida.

Así que ahora lo que toca es disfrutar de las vacaciones y exprimir las maravillosas experiencias que se viven en estos momentos en los que cambiaremos el silencio y el orden alemán, por la naturalidad y espontaneidad españolas; las Kartoffel por las tortillitas de camarones; el Wurst por el choco; y la lluvia y el frio de estos días, por el calor y la playita….mi querida Espana!

Hijos Extraordinarios
SI A LA VIDA
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¿QUE HARIA YO SIN EL?
Hijos Extraordinarios
PREMIAR EL ESFUERZO
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