Hijos Extraordinarios

CONVERSACIONES DE COCHE


Este año hemos tenido que modificar algo la logística familiar, y las conversaciones de coche ya no son a “solas con Claudia”, sino con toda la tribu…

Esto nos está enseñando a ejercitar otra vez muchas cosas nuevas: aprender a respetar turnos, aprender a escuchar sin interrumpir, poner atención en lo que cuentan los otros, contar lo importante y además hacerlo con “rapidez” para que cada uno tenga su turno y por tanto, “su momento”…

Voy variando un poco las instrucciones del día, para que no se acostumbren a lo mismo siempre, de tal forma que unas veces es de mayor a menor, otras de menor a mayor, y algunas tengo que decidir yo quién empieza…para que el los del medio, no se vean siempre como “el relleno del sándwich”…

En todo caso, es un momento muy divertido que nos permite también abstraernos de las dificultades del tráfico, que provocan parones interminables. Por otro lado, el hecho de no tener que poner la radio, -teniendo en cuenta que no estoy rodeada de los niños del coro-, me ayuda mucho a seguir creyendo que la música relaja….y aunque reconozco que me encanta ponerles música por cómo reaccionan, se emocionan, se mueven, bailan y lo dan todo por un grito desafinado aunque no vaya al ritmo de la canción, el coche no es el momento de desplegar la creatividad musical familiar.

Hay muchas ocasiones, en las que Claudia cede el turno para ponerse en el último lugar. Esta decisión que agrada al resto, también conlleva un riesgo implícito: quedarse sin hablar porque haya menos tráfico o porque alguno se “enrolle” más de la cuenta… pues aunque yo haga de juez, no siempre es fácil gestionar los tiempos.

Sin embargo sí que he observado algo, que es lo que intuyo, le hace querer ser la última: primero que cuando no hay tiempo, me coge luego a solas por banda, con la excusa de “mamá es que son cosas de chicas que no puedo hablar con mis hermanos” cuando a lo mejor me comenta que ha tenido un examen o que ha jugado con su mejor amigo Paul al fútbol. Yo creo que a su forma, echa de menos nuestras conversaciones de coche, así que no dudo en darle ese momento “de chicas” que saboreo con mucho gusto.

En segundo lugar, tengo la sensación de que al escuchar a sus hermanos antes, ella va interiorizando cómo tiene que contarme, lo bien que le va, lo que ha logrado con sus amigos, lo que ha preguntado a sus profesores, o cómo ha contestado al examen que había preparado. Y es sorprendente, porque cuando esto ocurre, siempre empieza con una pequeña introducción que suele hacer alusión a la comparación con sus próximos, haciéndome entender – por si no soy consciente –  de que ella, tiene exactamente los mismos problemas, retos o alegrías que ellos.

Y esta forma de actuar la veo también muy parecida cuando los fines de semana, se ponen los demás  a hacer deberes, y ella que no suele tener ninguna tarea fuera del horario escolar, literalmente se los inventa, y hace sus propios ejercicios, crea sus propios deberes y me pide que le corrija lo que ha escrito, o que lea con ella en alto.

No sólo supone una responsabilidad para los padres el trabajar en que nuestros hijos sean brillantes, sino creo que es más importante hacerles que brillen por sí solos…haciéndoles que ellos mismos exploten sus capacidades naturales al máximo, porque al igual que nos ocurre a los mayores, los niños también se sienten realizados cuando ponen todo su ser en hacer algo con pasión, sabiendo que sólo con eso, les saldrá bien seguro.

Claudia nos enseña mucho con pequeños detalles que -como digo siempre-, son los que hacen a las personas grandes. Ella se ve igual que los hermanos, y no busca su protagonismo frente a los demás, no busca que le feliciten por sus quehaceres, ella busca realizarse “compitiendo contra ella misma”.

Posiblemente es lo que le otorga esa personalidad que está muy por encima de lo que los demás entendemos por éxito. Para ella, su satisfacción personal, es mucho más que lo que los externos podamos juzgar bajo la premisa de éxito en la vida.

Si todos pensáramos más en la satisfacción verdadera, y no tanto en el espejismo del éxito…qué diferente serían las cosas…Qué enseñanzas Claudia…impresionante tanta grandeza en tan corta edad todavía…

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