Hijos Extraordinarios

APRENDER A INTERRUMPIR


Hace un tiempo leí un artículo muy bueno con una explicación muy sencilla sobre cómo enseñar a nuestros hijos a que no interrumpan las conversaciones.

Consiste en tip muy fácil con el que los niños dejan de lanzar lo primero que se les ocurra y los padres dejemos de gritar para pedirles que respeten a los mayores, o incluso los turnos…La idea es que se terminen los gritos, las interrupciones y la mala educación.

Cada vez que el niño quiera algo y los padres estén hablando, basta con acercarse, coger de la muñeca al padre/madre, y éste sabrá entonces que el niño quiere algo. Para responder, el padre le cogerá la mano, y es el gesto que hace que el niño espere paciente a que su padre le pueda atender, pero el niño ya sabe que el padre se ha enterado que quiere algo.

La redacción es más compleja que el propio ejercicio, y cuando lo leí, me pareció una idea tan genial, que de inmediato se lo explique a los niños, para ponerlo en práctica.

Como todo, es más fácil hablar que hacer, o en este caso, escribir que ejercitar…pero bueno, al final es cuestión de práctica, así que nos pusimos manos a la obra.

Llevamos ya unas cuantas semanas practicando, y ha sido graciosa la evolución…el primer día, todos emocionados,  incluso inventando tonterías con tal de poder poner en práctica el ejercicio. Incluso se dio el caso, de parar para hacer caso a la criaturen y empezar a vacilar… “eh…eh….ay! se me ha olvidado…”

A los dos días, bajó mucho la intensidad del ejercicio, se producían menos interrupciones sin sentido, pero empezábamos a hablar “del truco” para no interrumpir…y ahí es cuando me di cuenta, que poco a poco empezaban a entenderlo de verdad.

Han pasado varias semanas, y seguimos teniendo de todo…

Desde Claudia que es capaz de desabrocharse el cinturón en el coche, para tocarme la muñeca, aunque tenga que hacer un estiramiento en plan “gadgetobrazo” para llegar, hasta Tassilo (5 años) que cuando quiere algo, se coloca en medio de nosotros, mira fijamente con sus ojos grandes y si no le atiendes acaba cantando (literal). A los medianos, les ha servido para aprender a esperar, puesto que son conscientes de que es más fácil eso, que hacer todo el ejercicio…así que el resultado en todo caso, está siendo bueno, aunque seguimos practicando, que no siempre sale bien.

De hecho, ayer íbamos Claudia y yo en el coche a la vuelta del colegio y como siempre, enciende la radio, me pide “su” música….y sin más, se pone a cantar…

Una mezcla entre edad prepavo-enciendo la radio- conecto el USB-suena mi música-voy a mi bola-no escucho a mamá-me pongo q cantar como si estuviera sola-bailo como si no hubiera un mañana… vamos! Lo normal un miércoles cualquiera…

El caso es que, le interrumpo para preguntarle “Claudia que tal hoy en el colegio? Qué habéis hecho? Cuéntame”…y ella,  sin dejar de bailar y cantar a dúo con Enrique Iglesias aprovechó el estribillo … “gritando…con la cara mirando….” Y con un movimiento de hombros, se sube la manga para señalarme su muñeca y me dice con toda su ironía y como si su paciencia se fuera a agotar … “mamaaaaaa…interrúmpeme!!!!!!, no???”

Casi nos chocamos! Me entró tal ataque de risa, que no podía parar.

Es curioso, no? Cómo Claudia ha entendido el mensaje, cómo lo ha interiorizado. El respeto, la interrupción a otro, va más allá de una conversación entre dos –por cierto absurda, si es entre mayores, pensará-. Ella ha sacado un jugo muy valioso a esto que empezó como un juego sin más…

El interrumpir no es sólo aplicable a una conversación, es mucho más que eso. Interrumpir es faltar al respeto si la otra persona está “en sus cosas” (sean estas bailar, cantar o pensar…), como ella estaba haciendo en ese momento.

Qué lección, una vez más. Qué interpretación TAN PURA y tan simple….tan sencilla quizás como el propio ejercicio, que demuestra que efectivamente en muchas ocasiones es tan sólo cuestión de tacto.

Yo no dejaba de observarla y lo mejor es que ella, como si nada, seguía a lo suyo, cantando y bailando el Reageton de Enrique Iglesias, e incluso lo hacía con una sonrisilla de orgullo, como si me hubiera dado una lección magistral por no aplicar lo que yo hace días le había enseñado.

Y qué cierto era…una lección magistral Claudia, que grande eres, y cuanto aprendo a tu lado siempre.

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