Hijos Extraordinarios

ADIOS AL VERANO


Hace ya casi un mes que hemos vuelto de vacaciones, y estamos entrando en velocidad crucero tras el periodo estival que ha sido maravilloso.

Pero antes de describir la vuelta al cole, tengo que hablar primero del verano. Este año además con la novedad de un bebe otra vez en casa.

En general, como todos vamos con ganas de disfrutar, descansar, divertirnos y pasarlo bien, son todos ingredientes positivos que hacen prácticamente imposible que salga mal o tan siquiera regular, estas semanitas de veraneo en las costas gaditanas.

Pero quedándonos en la esencia de estas tres semanas, mirando por esta ventana temporal, tengo que decir que aunque físicamente no hayamos descansando tanto, ha sido porque no hemos parado, y además porque era lo que buscábamos. Familia, amigos, deporte, puestas de sol, planes…un no parar de actividades que durante el resto del año no tenemos ocasión de hacer.

Buscábamos sol, calor y luz. Y eso con garantía lo encontramos siempre. Este año el viento de levante estuvo más presente que en otras ocasiones, pero bueno, cambiamos un poco los planes, y seguimos exprimiendo la playa por ejemplo aprovechando las primeras horas de la mañana para correr cuando la marea estaba baja, o para desayunar con todos trasladando un improvisado picnic a la orilla, con música de fondo y unos míticos churritos.

Este año Claudia además se apuntó conmigo a mi grupo de gimnasia. Un grupo de mujeres que nos reunimos lunes, miércoles y viernes, para machacarnos con un entrenador, y así poder después comer y beber a gusto y “sin remordimiento”, con la divertida excusa de haber quemado suficientes calorías como para “poder darlo todo“ el resto del día.

Las noches previas a las clases, Claudia dejaba toda su ropa preparada, incluida la botella y la esterilla, gadgets fundamentales para la buena marcha de la clase. El día de la clase, desayunaba antes de lo normal, para poder hacer la digestión, y a continuación, me esperaba en la puerta con antelación suficiente como para volver a empezar la rutina. Con su reloj en la mano, me advertía cada dos minutos del tiempo restante, por si acaso su presencia cada vez más cerca de entorpecer mi paso, no era suficiente.

En clase lo pasábamos bien todas. Mis amigas sorprendidas de la fuerza y forma física de Claudia, que incluso se atrevía a bromear cuando no podíamos más, o intercambiaba impresiones y cotilleos con todas mientras corríamos alrededor de la piscina.

En las tres semanas, no ha fallado ni un solo día. Yo en algunas ocasiones me habría quedado en la cama, o simplemente estirando mi pereza veraniega de “no hacer nada y luego descansar”, pero ahí tenía a Claudia, dispuesta a ganar la batalla.

Una mañana le dije “Claudia hoy no vamos, que estoy cansada y prefiero dormir”, y me dijo, “mamá, qué te pasa, estás enferma?” “No Claudia, simplemente estoy cansada y me da pereza” “Vale, pues levántate y se te pasa la pereza. Yo mientras te hago un café. Pero rápido mamá que llegamos tarde…”

Vamos…como el que oye llover…A palabras necias, oídos sordos, decía el refrán, ¿no? Claudia no sabe refranes. Sin embargo, y como hacen los niños, son permanentes lecciones de vida. O por lo menos así me gusta verlo a mi…porque es gracioso pensar que los padres educamos a los hijos, cuando la realidad es que si estamos atentos, ellos nos enseñan tantas cosas…

Hemos pasado un verano genial, hemos cogido fuerzas y ahora ya, en la semana en que damos la bienvenida al otoño, aunque queden lejos esos días de playa y sol, nos siguen sirviendo como amortiguador para afrontar este nuevo curso, lleno de retos y novedades, que nos siguen haciendo crecer a diario.

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